La lucha de un niño trans y su familia para que le reconozcan sus derechos
Tras una larga lucha, Gonzalo Alarcón y sus padres lograron que el Hospital de Niños de La Plata lo atendiera para comenzar un tratamiento con bloqueadores hormonales para adecuar su cuerpo a su identidad de género; es la primera vez que el Hospital admite a un niño trans.
Gonzalo Alarcón logró que lo atiendan en el Hospital de Niños de La Plata tras múltiples obstáculos.
El viernes pasado, Gonzalo Alarcón cumplió años. Desde que nació transcurrieron trece, pero sólo uno desde que se autopercibió con una identidad de género que no se condice con su sexo biológico.

"Hoy festeja su primer cumpleaños como Gonzalo. La nena anterior ya no cumple más años", dice Susana, su mamá, en una entrevista con La Nación.

"El otro día encontré una tarjetita del maternal en la que había puesto: «Te deseo que seas quien quieras ser siempre». Y hoy le sigo deseando lo mismo", añade.

Según Susana y Mauro, su hijo recién es "él" hace un año, pero el mundo trans lo interpela desde hace varios septiembres.

Para su fiesta de egresados de sexto grado, Gonzalo les pidió que le compraran una camisa, una corbata y un pantalón de vestir. Fue a la peluquería y se cortó el pelo a la altura de los hombros, pero no era suficiente. Lo quería más corto.

En ese momento, sus padres desconocían lo que estaba atravesando, pensaban que era un capricho y que "mejor no".

"No tuvimos ninguna inquietud porque tranquilamente podría ser una mujer que eligiera vestirse de ese modo, hasta que él nos planteó una necesidad concreta", relata Susana a La Nación.

"Ese momento fue una revelación", agrega Mauro. Gonzalo ya había cambiado su nombre en las redes sociales. Abril, su hermana y confidente, les anticipó días atrás que quien había sido su hermana ya no era y que su nombre ya no lo representaba.

"Gonzalo" había surgido por "una broma" y, aunque no lo había pensado antes, "el nombre lo eligió a él y no al revés".

Todas esas oraciones sueltas eran eso: piezas de un rompecabezas que, pese a la buena voluntad que sobraba en esa casa de La Plata, no terminaban de encajar.

"Al principio fuimos un desastre", dicen casi al unísono. No entendían que la charla que encaró Gonzalo era para que lo acompañaran en su proceso. "No nos gusta ese nombre, ¿no te lo podemos elegir otra vez?", cuentan que le dijeron, hoy con un dejo de vergüenza y arrepentimiento.

"Si tengo que cambiarme el nombre para que me acepten es un esfuerzo que estoy dispuesto a hacer", respondió Gonzalo. A partir de ese momento, según relatan, entendieron hacia dónde iba la charla y le pidieron perdón. "Fue un martillazo en la cabeza", coinciden.

Tras esa charla reveladora, Gonzalo los "educó", les explicó las diferencias entre género, sexo e identidad de género y cada uno comenzó a investigar por su cuenta y a asesorarse con la terapeuta de su hijo.

"Presuponíamos complejidades por desconocimiento y enseguida nos dimos cuenta de que se trata de acompañarlo amorosamente y nada más", afirma Susana, que días después se acordó de aquel episodio de la peluquería y le ofreció cortarle el pelo como él deseaba.


La ley de identidad de género, un bastión de la lucha por los derechos de Gonzalo

La ley de identidad de género fue sancionada en 2005 y dispone, entre otros lineamientos, que toda persona puede "solicitar la rectificación registral del sexo, y el cambio de nombre de pila e imagen, cuando no coincidan con su identidad de género autopercibida".

Mauro y Susana imprimieron varias copias para llevarla a cada lugar que fueran y así asegurarse de que se cumpla al pie de la letra y los derechos de su hijo sean respetados.

Enarbolan como bandera el artículo 12, que postula el trato digno: "Nos vamos a hacer una remera con este artículo", bromea Mauro.

"Es la clave para poder circular en la vida", dice Susana con vehemencia. "Cada uno puede pensar lo que quiera en su fuero más íntimo, pero la ley es clara y hay que cumplirla", señala.

Cuando la familia se involucró en la transformación de Gonzalo, uno de los pilares era que su identidad se reflejara "en los papeles".

Pusieron manos a la obra e iniciaron el trámite de rectificación de la partida de nacimiento, cambiaron los registros en la escuela y en el conservatorio de música y, según dicen, los recibieron muy bien.

"Ustedes encárguense de los adultos y yo de los más chicos", les había dicho el adolescente. Eso hicieron y el próximo paso era no menos importante: la transformación física.



Gonzalo comenzará un tratamiento con bloqueadores hormonales en el Hospital de Niños de La Plata
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"Empezamos a tratarlo en el Hospital Gutiérrez, donde hicieron la primera cirugía de reasignación de sexo y tiene un historial de atención a personas trans adultas", relata Susana.

Luego de varias consultas, se decidió que el tratamiento más adecuado para su edad es con inhibidores hormonales, que bloquean el avance de los caracteres secundarios femeninos y vuelve el cuerpo a un estado prepuberal. Su obra social, IOMA, se los cubrió enseguida "sin generarles ningún problema".

A pesar de que la ginecóloga del Gutiérrez tiene experiencia y fue una guía en el aspecto médico, es un hospital de adultos y preferían que el tratamiento interdisciplinario fuera con profesionales pediátricos.

Se acercaron al Hospital de Niños de La Plata y se chocaron con múltiples obstáculos, a pesar de que los directivos del Hospital ya habían dado el aval para el tratamiento.

"Cuando intervino la jefa de Endocrinología, tuvieron una serie de reuniones con el Servicio de Salud Mental del Hospital y se negaron a atenderlo. Lo mejor, según ellos, era que se atendiera en el Hospital de Niños Elizalde, en Capital Federal", dicen.

Además de que les suponía un problema trasladarse a Capital, el motivo no les cerraba. "Este tratamiento lo hacen con otros niños por otros motivos, terminó quedando expuesto que era una decisión ideológica", sostiene Susana.

 


El Hospital Pediátrico de La Plata.

La coordinadora del Ministerio de Salud tomó conocimiento del caso y resolvieron que no lo iban a atender hasta tanto no se conformara un equipo especializado.

Susana y Mauro hicieron la denuncia en el Observatorio de Violencia de Género de la Defensoría del Pueblo de la Provincia: "Yo les aclaré que nosotros no íbamos a aceptar que dejaran a nuestro hijo en la calle", sentencia Susana.

La lucha siguió por otros carriles: publicaron una carta en las redes sociales para reclamar la admisión de Gonzalo en el Hospital de Niños de La Plata y se viralizó a tal punto que ese mismo día recibieron un llamado "en un tono más amable" para coordinar una reunión con el director del Hospital.

"Hubo un cambio de actitud. Van a seguir el tratamiento de Gonza a partir de ahora", revelan los padres, y sostienen que "se comprometieron a trabajar junto al Ministerio de Salud para garantizar la atención integral de los niños trans y a capacitar al personal para cumplir con el artículo 12 de la ley 26.743 que asegura trato digno".

Además, les comunicaron que a partir de este caso modificarán los protocolos de admisión en todos los hospitales de la Provincia y los gremios del hospital, ATE y CICOP, garantizarán desde adentro del hospital el cumplimiento de los compromisos.

"No queremos que hagan una excepción con Gonzalo. Es su derecho y tienen que atender a todos los chicos, y a los transgénero también. Nosotros estamos peleando por Gonza, pero es importante que quede claro que esto es para todos los chicos", concluye Susana.

Fuente: La Nación

 

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